08 junio, 2022

Al Amor

 

Creo que no he sido capaz de amar,

que no aguanté el amor.

No me resigné al amor precario,

Al amor a cuenta gotas,

Al amor no correspondido,

Al amor destratado,

Al amor mudo,

Al amor egoísta.

Creo que extraño al amor

Y sé, que con el tiempo, me aburrirá el amor,

El amor de los domingos,

El amor de la rutina,

El amor adivinado,

El amor solitario,

El amor envejecido.

En este preciso instante,

no encuentro al amor,

no entiendo al amor,

No tengo un amor,

No me acuerdo del amor,

No me desvela el amor.

Y sin embargo

Anhelo el amor.

Cocido tu recuerdo

 

Odio que mi mejor ropa tenga cocido tu recuerdo,

que te hagas presente frente a semejante ausencia.

Es que acaso no entiende el corazón lo que tan claro puede la razón?

Terca, hurgo en mis recuerdos y en mis fotos y te recreo y te reinvento en mis sueños.

Te pienso en cada canción y estás conmigo en cada película que veo,

En cada beso que me inspira un suspiro.

Cuanto tiempo va a permanecer, tatuada en mi soledad, tu imagen?.

Es el recuerdo del amor, de haber amado, con tanta ilusión.

Daria vuelta los años

para decirme al oído

que mañana ya es hoy

y que acá estás 

durmiendo en mis recuerdos, en mis notas, y en mi soledad.

La Carta

 

Abrió el sobre y tomó la carta con paciencia. Las rodillas se movían inquietas sacudiendo en ese instante los meses que hacía que la esperaba. Le temblaban las manos, ese papel que ahora tenía frente a sí, guardaba silenciosamente su suerte. Disfrutaba el solo hecho de haberla recibido, ignorando aún sus noticias. Se quedó quieto, sosteniendo la hoja, que aún no era más que signos dispersos habían sacudido a su cuerpo entero. Le latía fuerte el corazón, le temblaban las manos y sudaba.  El pelo le hacía una cosquilla incómoda en la frente, los pies buscaban no perder el apoyo.

No podía soportar la idea de una nueva desilusión. Se aferraba a todas sus noches de insomnio proclamando su inocencia, convencido que su absoluta entrega bastaba para ser correspondido. La apretó entre sus manos y la recordó, cerró los ojos y creyó oír su voz, le pareció sentir su perfume y sus silencios. Entonces pensó que quizá era mejor no leerla. Atesorar así la duda y seguir latiendo su fantasía. Dar el paso significaba estar dispuesto a morir. A perderlo todo, a resignarse. Y no estaba seguro de poder enterrarla. De saltar a otra vida sin la suya. Se resistía a la idea del rechazo, por más vida y lluvias que hubieran pasado desde aquella última vez en que se despidieron, jurando que sería hasta pronto. Y era ahora. Estaban, entre sus dedos transpirados, lo que sería su destino, los próximos días y las próximas noches, sin saber hasta cuándo.

Entonces imaginó que no la leería. Y ser el dueño de su destino, de su solitaria verdad. Podría, cobardemente, seguir soñando su sueño.

Prendió un cigarrillo con el  encendedor, que peleo la llama, entre la piedra y el agua de la piel sudada. Lo fumó con la intensidad de un  suspiro hacia adentro. Exhaló el humo conteniendo una parte en sus pulmones tapados. Se sentó en el sillón verde. La brasa del cigarrillo nervioso cayó sobre la hoja. Todo se volvió negro, todo se transformó en ceniza, y de pronto sus manos ya no sostenían más que el vacío, trozos de palabras no leídas, silenciadas. Se respiraba en el aire quemado, desconcierto.

Y su suerte que ahora era la de siempre, la misma de aquel instante previo en que pensó que podía morir, se instalaba con la certeza de estar vivo. Y se alegró por ello. Se quedó delante del televisor negro con su corazón encendido, latiendo y con la mirada perdida contemplando el vacío.

Todavía

Todavia sos jóven, me dicen.

Hasta que edad, se es jóven, me pregunto.

Y el todavía le agrega una esperanza a esta longeva soledad.

Hay una edad para ser jóven?

Que se supone que pasa en los confines de la NO juventud

Sucede antes o despues de perder la juvenud?

Se pierde?

Y cuantas cosas mas se van y ya no vuelven?


Calma

Como si los años hubieran llegado de golpe, trayendo la calma y la estabilidad de quien disfruta los días sin saber cuantos quedan. 

Reina la templanza y la calidez de la pausa. 

Se detuvo el tiempo en el presente, sin proponermelo, sin esfuerzos, simplemente se instaló. 

Y me abrazo a cada día, a cada instante del día, mientras hago lo mismo de siempre.

Y voy andando, entregada plenamente a lo cotidiano.

Alegremente se asoman, por la ventanilla del auto, detenido en el semáforo, 

esas violetas de los alpes que me recuerdan que se acerca el invierno. 

Que hermosas son. Nunca me duraron más que una semana. 

Y las dejo ir atrás mientras avanzo.  

Que lindo andar tiene mi auto, pienso, cuánto más liviano se vá y se viene. 

Y bajo el volumen de la radio, para contarles, que conozco muy bien esa canción y que esperen que después les cuento que la quiero escuchar, 

y la canto con la música por encima de mi voz. 

Y esta noche cociné entraña a la plancha y les di de probar un trozo de mi infancia.

El recuerdo de mi abuelo y su parrilla, con la complicidad de la sal, 

que bien sabe, resaltar el sabor. 

Así, bien caliente y desde la plancha, salpicada de sal, 

el tenedor sostuvo el bocado que puse en su boca, 

igual que mi abuelo lo hacía conmigo.

Igual que mi abuela y sus ñoquis.

Igual que las violetas de los alpes. 

Una repetición infinita a través del tiempo

y cada vez es único y original.